Educación en contextos rurales o vulnerables — retos y estrategias innovadoras

 

Maestros de pueblo

Sí, pondría la mano en el fuego al decir que, cuando en la universidad los profesores nos hablan sobre cómo daremos clase en el futuro, la mayoría nos imaginamos en aulas ordinarias, formales, en colegios llenos de alumnos uniformados y organizados en varias letras por la cantidad de matrículas. Pero… ¿y esas pequeñas escuelas en las que apenas hay 9 o 10 niños por curso, ubicadas lejos de las grandes y populares ciudades? ¿Acaso nos olvidamos de ellas? ¿De esos niños que viven en los pueblos? ¿Acaso no somos nosotros, la próxima generación de profesores, quienes más deberíamos preocuparnos por las minorías y por el acceso igualitario a la educación? Como dijo una vez Tania, nuestra profesora de Teoría de la Educación —una frase que jamás se me olvidó—: “Los niños ricos salen a flote solos; nosotros somos quienes tenemos que preocuparnos por las minorías, por los pobres… porque a veces la escuela es el único lugar estimulante en sus vidas" 

En muchas regiones del mundo, especialmente en América Latina, África y zonas rurales de Europa, la escuela es uno de los pocos espacios donde los niños pueden acceder a oportunidades de aprendizaje, socialización y crecimiento personal. 



Aunque pueda sonar muy bohemio, e incluso algo idealizado, trabajar en una escuela rural supone un verdadero reto para los docentes. Tienen que programar actividades que funcionen para todos sus alumnos, independientemente de la edad que tengan, y pensar propuestas comunes cuando, por ejemplo, hay un niño de 6 años que aún no sabe leer ni escribir, al mismo tiempo que otro de 10 que ya debería aprender a redactar o a hacer resúmenes. Salta a la vista que no es nada sencillo, y quien piense que sí… me temo que no ha pisado muchas aulas educativas en su vida.



¿Vale la pena invertir tanto esfuerzo y dedicación si los beneficios que se alcanzan pueden transformar realidades?

Sin embargo, hay que mirar siempre el vaso medio lleno y saber que también tiene un gran potencial pedagógico y sus características ofrecen al profesor la posibilidad de llevar a cabo actividades innovadoras a través de metodologías activas y participativas.

Entre sus grandes ventajas se encuentra el bajo ratio de alumnos por clase que permite una mayor personalización de la enseñanza y favorece el vínculo entre profesores, alumnos y familias. Por otro lado, al haber varios cursos dentro del mismo aula, se considera que el aprendizaje es cooperativo entre niños de distintas edades y se favorece el sentido de la responsabilidad y del autoaprendizaje. Del mismo modo, se fomenta la convivencia y el proceso de socialización del niño. Todo ello sin olvidar su inmersión en el entorno en que se sitúan, así como el continuo contacto con la naturaleza, por ello podemos afirmar La escuela no es algo aislado, sino parte de la vida del pueblo.

Por último, pero no menos importante



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